De un chiste en internet a un café de verdad.
Hay cosas que empiezan con un plan de negocios, un estudio de mercado, una presentación de cuarenta diapositivas y alguien diciendo:
“Tenemos que encontrar un espacio en blanco en la categoría.”
Y luego están las ideas que empiezan porque a uno se le encanta divertirse, desahogarse y expresarse en internet.
El Cafecito Desapendejador pertenece al segundo grupo.
Aunque, para ser justos, después sí hubo que hacer todo lo demás.
Porque el cafecito es mágico
El 9 de junio de 2020 publiqué una de esas cosas que uno pone en redes porque le hicieron gracia y porque, además, hay verdades que no necesitan demasiada investigación:
El cafecito es mágico.
Ahí apareció por primera vez el Cafecito Desapendejador.
No había producto.
No había bolsa.
No había un grandioso plan maestro.
Había un chiste.
Y a veces eso basta para empezar.
La publicación donde empezó esta cosa.
El chiste se convirtió en café
Para enero de 2021 decidí hacer la prueba.
Elegí un pequeño lote de café de Veracruz, hicimos una primera bolsa y básicamente fue para responder a una pregunta que ya estaban haciendo:
¿Dónde lo venden?
Le fue bastante bien para lo que era: una prueba pequeña, casi artesanal, para averiguar si detrás del chiste existían ganas de tener el producto.
Y puede que alguien que esté leyendo esto todavía tenga alguna de las tazas que vendíamos por aquellos años.
Pero esa es otra historia.
Ahí confirmé algo que todavía me importa:
Un chistorete de internet puede convertirse en algo real, pero lo real tiene que estar chingón. Bien hecho, pues.
Y uno también va cambiando
Cambian las redes.
Cambian los hábitos.
Cambian los costos.
Cambia uno.
Y también cambia la manera en la que quieres hacer las cosas.
Durante un tiempo el Cafecito desapareció.
No porque la idea hubiera dejado de gustarme.
Más bien porque, si iba a volver, quería hacerlo mejor.
A mí me gustan las cosas mexicanas.
Pero no porque sean mexicanas hay que aplaudirles a ciegas o nomás porque sí.
Me gustan las cosas mexicanas cuando están chingonas, bien hechas y cuando hay algo de qué sentirse orgulloso.
Copias de lo que he hecho han salido un chingo. Frases, diseños, productos, ideas. Eso en internet viene incluido en el paquete, dicen.
Así que hay una cosa que sí puedo controlar:
estar a gusto con lo que hago.
Que me deje satisfecho a mí es el primer paso para pensar que quizá también le va a dejar algo bueno a quien lo compra.
Puede empezar como un chiste.
Pero no puede terminar siendo una chingadera.
Para hacer las cosas al madrazo, a medias o nada más porque “ahí más o menos quedó”, ya hay demasiada oferta.
Pero esta vez queríamos hacerlo en serio
Este año volvió el Cafecito Desapendejador.
Pero ya no como aquella prueba pequeña de 2021.
Regresó con un proceso mucho más cuidado, una selección más detallada y una operación pensada para poder crecer sin perder aquello que importa.
El café viene de Coatepec, Veracruz, es arábica de altura, tiene tueste medio y se prepara para llegar recién tostado y fresco.
Porque el producto no termina en el café
La primera bolsa del regreso cumplía su función.
Pero muy pronto vimos que podíamos mejorarla.
Mejor para enviar.
Mejor para abrir.
Mejor para volver a cerrar.
La versión actual sigue siendo una bolsa apta para café, pero ahora tiene cierre resellable, lo que hace mucho más práctica la experiencia una vez abierta.
No cambiamos la bolsa porque necesitáramos inventarnos una nueva historia de marketing.
La cambiamos porque encontramos una mejor para lo que se necesita.
Y si podemos hacer algo mejor, pues se hace mejor.
Hay una forma mexicana de hacer todo
Siempre he pensado que hay una forma mexicana de hacer prácticamente cualquier cosa.
De comer.
De celebrar.
De despedirse durante cuarenta minutos en la puerta echando el último chismecito.
De decir “ahorita” sin comprometerse jurídicamente con ninguna unidad de tiempo. Ya sabemos cómo funciona.
Y también hay una forma mexicana de despertar.
A veces despertar es simbólico.
Hay momentos en los que uno necesita desapendejarse de una idea, de una mala decisión o de alguna certeza que ya debería haber mandado a la chingada.
Y otras veces son las siete de la mañana y simplemente necesitas un buen café. Preparado como se te pegue la gana.
Para ambas situaciones una taza ayuda bastante.
Y ésta es la versión actual

La versión que hoy puedes comprar es el resultado de todas esas pruebas.
Café de Veracruz.
Recién tostado.
Fresco.
En una bolsa resellable.
Y hecho para tomarse, no nada más para que la bolsa salga bonita en Instagram.
Conoce el Cafecito Desapendejador →Ahí entra Don JP
Nuestro amigo y experto en café ya me explicó qué tiene que ver Coatepec, la altura, el beneficio, el tostado y otras cosas que yo habría resumido con un elegante “está bien bueno”.
Lee: El café no va al estómago. Va al corazón →Al final, todo esto se resume en una idea bastante sencilla.
Que sea mexicano.
Que esté chingón.
No aceptes imitaciones.
Ni chingaderas.
